domingo, 9 de mayo de 2010

La devoción a las tres Ave Marías

DEVOCIÓN DE LAS TRES AVEMARÍAS


¿En qué consiste la devoción de las tres Avemarías?
En rezar tres veces el Avemaría a la Santísima Virgen, Madre de Dios y Señora nuestra, bien para honrarla o bien para alcanzar algún favor por su mediación.
¿Cuál es el fin de esta devoción?

Honrar los tres principales atributos de María Santísima, que son:

1.- El poder que le otorgó Dios Padre por ser su Hija predilecta.

2.- La sabiduría con que la adornó Dios Hijo, al elegirla como su Madre.

3.- La misericordia con que la llenó Dios Espíritu Santo, al escogerla por su inmaculada Esposa.

De ahí viene que sean tres las Avemarías a rezar y no otro número diferente.

¿Cuál es la forma de rezar las tres Avemarías?

María Madre mía, líbrame de caer en pecado mortal.

1. Por el poder que te concedió el Padre Eterno

Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

2. Por la sabiduría que te concedió el Hijo.

Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

3. Por el Amor que te concedió el Espíritu Santo

Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre por los

siglos de los siglos. Amén!





¿Cuál es el origen de la devoción de las tres Avemarías?



Santa Matilde, religiosa benedictina, suplicó a la Santísima Virgen que la asistiera en la hora de la muerte. La Virgen María le dijo lo siguiente: "Sí que lo haré; pero quiero que por tu parte me reces diariamente tres Avemarías. La primera, pidiendo que así como Dios Padre me encumbró a un trono de gloria sin igual, haciéndome la más poderosa en el cielo y en la tierra, así también yo te asista en la tierra para fortificarte y apartar de ti toda potestad enemiga. Por la segunda Avemaría me pedirás que así como el Hijo de Dios me llenó de sabiduría, en tal extremo que tengo más conocimiento de la Santísima Trinidad que todos los Santos, así te asista yo en el trance de la muerte para llenar tu alma de las luces de la fe y de la verdadera sabiduría, para que no la oscurezcan las tinieblas del error e ignorancia. Por la tercera, pedirás que así como el Espíritu Santo me ha llenado de las dulzuras de su amor, y me ha hecho tan amable que después de Dios soy la más dulce y misericordiosa, así yo te asista en la muerte llenando tu alma de tal suavidad de amor

divino, que toda pena y amargura de muerte se cambie para ti en delicias."



Y esta promesa se extendió en beneficio de todos cuantos ponen en práctica ese rezo diario de las tres Avemarías.





¿Cuáles son las promesas de la Virgen a quienes rezasen diariamente las tres avemarías?



Nuestra Señora prometió a Santa Matilde y a otras almas piadosas que quien rezara diariamente tres avemarías, tendría su auxilio durante la vida y su especial asistencia a la hora de la muerte, presentándose en esa hora final con el brillo de una belleza tal que con sólo verla la consolaría y le transmitiría las alegrías del Cielo.





¿De qué fecha data el primer texto del Avemaría?



El 23 de octubre de 1498 apareció impreso en Brescia-Italia, el primer texto completo del Avemaría, tal como se le reza en la actualidad. Fue incluida en una obra dedicada a la Virgen, compuesta por

el padre servita Gasparino Borro.



En 1568, el Papa Pío V, al promulgar la nueva Liturgia de las Horas, introdujo y prescribió la fórmula completa del Avemaría y dispuso que todos los sacerdotes, al iniciar en cada hora el rezo del Oficio Divino, recen el Avemaría después del Padre Nuestro.



¿Cuál es el fundamento de esta devoción?



La afirmación católica de que la Santísima Virgen poseyó, en el más alto grado posible a una criatura, los atributos de poder, sabiduría y misericordia.



Esto es lo que enseña la Iglesia al invocar a María como Virgen Poderosa, Madre de Misericordia y Trono de Sabiduría

viernes, 9 de abril de 2010

EL TESTIMONIO SUSCITA VOCACIONES





Mensaje para la Jornada Mundial de oración por las Vocaciones de 2010


Mensaje de Benedicto XVI para la XLVII Jornada Mundial de oración por las Vocaciones, que se celebrará el próximo 25 de abril de 2010, y que este año lleva por tema “El testimonio suscita vocaciones”.

 
Venerados Hermanos en el Episcopado y en el Sacerdocio
Queridos hermanos y hermanas

La 47 Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, que se celebrará en el IV domingo de Pascua, domingo del “Buen Pastor”, el 25 de abril de 2010, me ofrece la oportunidad de proponer a vuestra reflexión un tema en sintonía con el Año Sacerdotal: El testimonio suscita vocaciones. La fecundidad de la propuesta vocacional, en efecto, depende primariamente de la acción gratuita de Dios, pero, como confirma la experiencia pastoral, está favorecida también por la cualidad y la riqueza del testimonio personal y comunitario de cuantos han respondido ya a la llamada del Señor en el ministerio sacerdotal y en la vida consagrada, puesto que su testimonio puede suscitar en otros el deseo de corresponder con generosidad a la llamada de Cristo. Este tema está, pues, estrechamente unido a la vida y a la misión de los sacerdotes y de los consagrados. Por tanto, quisiera invitar a todos los que el Señor ha llamado a trabajar en su viña a renovar su fiel respuesta, sobre todo en este Año Sacerdotal, que he convocado con ocasión del 150 aniversario de la muerte de san Juan María Vianney, el Cura de Ars, modelo siempre actual de presbítero y de párroco.

viernes, 2 de abril de 2010

Fomentar las vocaciones



PROPUESTA DESDE ESTADOS UNIDOS SOBRE LAS VOCACIONES

Posted by Fernando Prado, cmf on 16 Enero 2010 under noticias

La Iglesia Católica en Estados Unidos celebra la Semana Nacional de las Vocaciones, del 10 al 16 de enero. Para animar a los católicos a fomentar las vocaciones, el padre David Toups, director interino de la Comisión Episcopal del Clero, Vida Consagrada y Vocaciones ofrece “diez cosas” que los católicos pueden hacer para promover las vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa. Los primeros cinco pasos de esta lista están directamente dirigidos a todos los católicos. Los segundos cinco son específicamente una invitación a los católicos más jóvenes a considerar decir “sí” a una vocación religiosa.

Esta es la lista de acciones a realizar para todos los católicos:

1.- Reza para que haya más vocaciones al sacerdocio y vida consagrada. Jesús dice en Mateo 9,38: “pedid al dueño de la mies que envíe trabajadores a su viña”. Si queremos más sacerdotes, religiosos, ¡necesitamos pedirlo!.


2.- Enseña a la gente joven a rezar. El Papa Benedicto XVI dijo que si no enseñamos a nuestros jóvenes a orar, nunca oirán la llamada de Dios en una profunda relación con El y en discipulado de la Iglesia.

3.- Invita a jóvenes adultos activos y adolescentes a considerar la vocación al sacerdocio o la vida consagrada. Un sencillo, sincero comentario no debería ser desestimado. Un modo fácil para hacerlo puede ser recordado por cuatro letras: ICNU. “John, I see in you (Juan, veo en tí) las cualidades que harían de tí un buen sacerdote, y deseo animarte a rezar sobre ello”. Es un modo no invasivo de animar a la apertura a una vocación religiosa”.

4.- Hazla atrayente. Muestra el sacerdocio por lo que verdaderamente es, una llamada a ser un padre espiritual para toda la familia creyente. De igual modo, la vida consagrada para una joven es una llamada a estar unida a Cristo de un modo único, y ser madre espiritual de aquellos que encuentra en su vida y servicio. El reto para sacerdotes y religiosos es ser modelos alegres de sus vocaciones.

5.- ¡Predícalo, hermano! Se debe hablar de las vocaciones regularmente si se quiere que arraigue en parroquias y casas una “cultura vocacional”. Esto significa, primero y principal, que la gente necesita oir hablar de las vocaciones a los sacerdotes en las homilías, oraciones de los fieles, y diálogos en clase. Las vocaciones que no se ven están fuera de la mente”.



Para quienes consideran la posibilidad de la vocación:

6.- Practica la fe. Todos necesitamos recordar que lo principal en nuestras vidas es crecer en una profunda, íntima y amorosa relación con Dios. Este es el primer paso para cualquier joven que desea discernir cualquier llamada en su vida.

7.- Entra en el silencio. El silencio es clave para el equilibrio y plenitud. Sólo podemos “oír” la voz de Dios si estamos callados. Quítate los auriculares de tu iPhone, iPod, e iTunes y escucha a Dios, el más grande “Yo soy”. Los jóvenes deberían probar a estar quince minutos en oración silenciosa cada día, ahí es donde pueden empezar a recibir orientaciones claras en sus vidas.

8.- Se un buen discípulo. Un obispo dice: ‘No tenemos una crisis de vocaciones; tenemos una crisis de discipulado’. Los jóvenes pueden llegar a ser verdaderos seguidores de Jesucristo sirviendo a quienes les rodean. Descubriendo tu llamada al discipulado, también descubres su particular llamada dentro de la Iglesia.

9.- Pregunta a Dios. Pregunta a Dios lo que desea para tu vida y sabe que el sólo desea lo que es bueno para ti. Si, de hecho, estás llamado al sacerdocio o la vida consagrada, será el sendero hacia una gran alegría y satisfacción.

10.- Como dice un famoso fabricante de zapatillas… ‘¡Házlo!’. Si sientes que Dios te está invitando a ‘probarlo’, presenta la solicitud al seminario o a una orden religiosa. Recuerda, el seminario o convento es un lugar de discernimiento. No serás ordenado ni te pedirán hacer los votos de profesión en muchos años, proporcionándote una amplia oportunidad de explorar la posibilidad de un llamamiento al sacerdocio o la vida religiosa”.



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domingo, 28 de febrero de 2010

Vida Consagrada y Laicos: Colaboracion mutua




Comunión y colaboración con los laicos



54. Uno de los frutos de la doctrina de la Iglesia como comunión en estos últimos años ha sido la toma de conciencia de que sus diversos miembros pueden y deben aunar esfuerzos, en actitud de colaboración e intercambio de dones, con el fin de participar más eficazmente en la misión eclesial. De este modo se contribuye a presentar una imagen más articulada y completa de la Iglesia, a la vez que resulta más fácil dar respuestas a los grandes retos de nuestro tiempo con la aportación coral de los diferentes dones. En el caso de los Institutos monásticos y contemplativos, las relaciones con los laicos se caracterizan principalmente por una vinculación espiritual, mientras que, en aquellos Institutos comprometidos en la dimensión apostólica, se traducen en formas de cooperación pastoral. Los miembros de los Institutos seculares, laicos o clérigos, por su parte, entran en contacto con los otros fieles en las formas ordinarias de la vida cotidiana. Debido a las nuevas situaciones, no pocos Institutos han llegado a la convicción de que su carisma puede ser compartido con los laicos. Estos son invitados por tanto a participar de manera más intensa en la espiritualidad y en la misión del Instituto mismo. En continuidad con las experiencias históricas de las diversas Ordenes seculares o Terceras Ordenes, se puede decir que se ha comenzado un nuevo capítulo, rico de esperanzas, en la historia de las relaciones entre las personas consagradas y el laicado.



Para un renovado dinamismo espiritual y apostólico



55. Estos nuevos caminos de comunión y de colaboración merecen ser alentados por diversos motivos. En efecto, de ello se podrá derivar ante todo una irradiación activa de la espiritualidad más allá de las fronteras del Instituto, que contará con nuevas energías, asegurando así a la Iglesia la continuidad de algunas de sus formas más típicas de servicio. Otra consecuencia positiva podrá consistir también en el aunar esfuerzos entre personas consagradas y laicos en orden a la misión: movidos por el ejemplo de santidad de las personas consagradas, los laicos serán introducidos en la experiencia directa del espíritu de los consejos evangélicos y animados a vivir y testimoniar el espíritu de las Bienaventuranzas para transformar el mundo según el corazón de Dios. (125)



No es raro que la participación de los laicos lleve a descubrir inesperadas y fecundas implicaciones de algunos aspectos del carisma, suscitando una interpretación más espiritual, e impulsando a encontrar válidas indicaciones para nuevos dinamismos apostólicos. Cualquiera que sea la actividad o el ministerio que ejerzan, las personas consagradas recordarán por tanto su deber de ser ante todo guías expertas de vida espiritual, y cultivarán en esta perspectiva «el talento más precioso: el espíritu». (126) A su vez, los laicos ofrecerán a las familias religiosas la rica aportación de su secularidad y de su servicio específico.



Laicos voluntarios y asociados



56. Una manifestación significativa de participación laical en la riqueza de la vida consagrada es la adhesión de fieles laicos a los varios Institutos bajo la fórmula de los llamados miembros asociados o, según las exigencias de algunos ambientes culturales, de personas que comparten, durante un cierto tiempo, la vida comunitaria y la particular entrega a la contemplación o al apostolado del Instituto, siempre que, obviamente, no sufra daño alguno la identidad del Instituto en su vida interna. (127)



Es justo tener en gran estima el voluntariado que se nutre de las riquezas de la vida consagrada; pero es preciso cuidar su formación, con el fin de que los voluntarios tengan siempre, además de competencia, profundas motivaciones sobrenaturales en su propósito y un vivo sentido comunitario y eclesial en sus proyectos. (128) Debe tenerse presente también que, para que sean consideradas como obras de un determinado Instituto, aquellas iniciativas en las que los laicos están implicados con capacidad de decisión, deben perseguir los fines propios del Instituto y ser realizadas bajo su responsabilidad. Por tanto, si los laicos se hacen cargo de la dirección, éstos responderán de la misma a los Superiores y Superioras competentes. Es conveniente que todo esto sea considerado y regulado por normas específicas de cada Instituto, aprobadas por la Autoridad Superior, en las cuales se prevean las competencias respectivas del Instituto mismo, de las comunidades y de los miembros asociados o de los voluntarios.



Las personas consagradas, enviadas por sus Superiores o Superioras y permaneciendo bajo su dependencia, pueden participar con formas específicas de colaboración en iniciativas laicales, particularmente en organismos e instituciones que se ocupan de los marginados y que tienen como finalidad aliviar el sufrimiento humano. Esta colaboración, si está sustentada y animada por una fuerte y clara identidad cristiana, y respeta el carácter propio de la vida consagrada, puede hacer brillar la fuerza iluminadora del Evangelio en las situaciones más oscuras de la existencia humana.



En estos años no pocas personas consagradas han entrado a formar parte de alguno de los movimientos eclesiales surgidos en nuestro tiempo. Con frecuencia los interesados se benefician especialmente en lo que se refiere a la renovación espiritual. Sin embargo, no se puede negar que en algunos casos esto crea malestar y desorientación a nivel personal y comunitario, sobre todo cuando tales experiencias entran en conflicto con las exigencias de la vida comunitaria y de la espiritualidad del propio Instituto. Es necesario por tanto poner mucho cuidado en que la adhesión a los movimientos eclesiales se efectúe siempre respetando el carisma y la disciplina del propio Instituto, (129) con el consentimiento de los Superiores y de las Superioras, y con disponibilidad para aceptar sus decisiones.
(de Documento Vida Consagrada)

jueves, 28 de enero de 2010

Oración de la comunidad


Te damos gracias, Padre,
por habernos reunido en esta comunidad.
Gracias porque estamos unidas en tu nombre,
buscando cómo vivir, con fidelidad, el carisma de la Madre Paulina.

Danos, Señor, la fuerza para la marcha,
ayúdanos asuperar las dificultades,
que los tropiezos y las vacilaciones
no detengan nuestro caminar.

Que no perdamos el rumbo,
que nuestra dirección sea hacia el Reino.
Sea el aliento de tu Espíritu,
presente y vivo entre nosotras.

Enséñanos a discernir, necesitamos ver claro,
las cosas que pasan alrededor,
lo que sucede en el mundo.
Danos sabiduría para interpretar los cambios
que estamos viviendo, para aprender a estar a tu lado.

Haz que nos mantengamos unidas,
que crezca el compromiso de unión fraterna,
la solidaridad activa, la oración en común,
los valores del Reino.

Queremos seguirte, Jesús, en comunidad,
tras de Ti por dónde nos muestres que
estás presente en la actualidad.

Abre nuestros corazones a tu Palabra.
Que la tengamos presente, que la leamos a diario,
que nos dejemos iluminar por ella,
que permitamos que empape nuestras vidas.
Señor que la pongamos en práctica,
viviendo todo lo que aprendemos de ella.

Te pedimos por las que formamos esta comunidad,
por las que van a venir.
Revístenos del hombre nuevo para que podamos
construir una sociedad nueva y ser signo viviente de tu presencia en el mundo. Amén.

martes, 15 de diciembre de 2009

ADVIENTO

El Adviento




Etiquetas: BASICO,A,Saber sobre,Church Forum www.churchforum.org,Redacción Church Forum,Adviento

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Celebración: Domingo, 29 Noviembre, 2009 - Jueves, 24 Diciembre, 2009

El Adviento

La Iglesia, para comenzar el año litúrgico, celebra la llegada de Cristo con los hombres con una gran fiesta a la cual llamamos Navidad. Esta fiesta es tan importante para los cristianos que la Iglesia, antes de celebrarla, prepara a sus hijos durante el período conocido como Adviento. Ya desde tiempos remotos la Iglesia acostumbra tener esta preparación.

La palabra Adviento, como se conoce este periodo, significa "llegada" y claramente indica el espíritu de vigilia y preparación que los cristianos deben vivir. Al igual que se prepara la casa para recibir a un invitado muy especial y celebrar su estancia con nosotros, durante los cuatro domingos que anteceden a la fiesta de Navidad, los cristianos preparan su alma para recibir a Cristo y celebrar con Él su presencia entre nosotros.

En este tiempo es muy característico pensar: ¿cómo vamos a celebrar la Noche Buena y el día de Navidad? ¿con quien vamos a disfrutar estas fiestas? ¿qué vamos a regalar? Pero todo este ajetreo no tiene sentido si no consideramos que Cristo es el festejado a quien tenemos que acompañar y agasajar en este día. Cristo quiere que le demos lo más preciado que tenemos: nuestra propia vida; por lo que el período de Adviento nos sirve para preparar ese regalo que Jesús quiere, es decir, el adviento es un tiempo para tomar conciencia de lo que vamos a celebrar y de preparación espiritual.

Durante el Adviento los cristianos renuevan el deseo de recibir a Cristo por medio de la oración, el sacrificio, la generosidad y la caridad con los que nos rodean, es decir, renovarnos procurando ser mejores nuestra vida para recibir a Jesús.

La Iglesia durante las cuatro semanas anteriores a la Navidad y especialmente los domingos dedica la liturgia de la misa a la contemplación de la primera "llegada" de Cristo a la tierra, de su próxima "llegada" triunfal y la disposición que debemos tener para recibirlo. El color morado de los ornamentos usados en sus celebraciones nos recuerda la actitud de penitencia y sacrificio que todos los cristianos debemos tener para prepararnos a tan importante evento.

La familia como Iglesia doméstica procura reunirse para hacer más profunda esta preparación. Algunas familias se unen para orar en torno a una corona de ramas de hojas perennes sobre la cuál colocan velas que van encendiendo cada domingo. En otros lugares se elabora un calendario en el cuál se marcan los días que pasan hasta llegar al día de Navidad. En algunos países como México familiares y amigos se reúnen para celebrar las Posadas rezando el rosario, recordando el peregrinar de María y José para llegar a Belén. En todas estas reuniones el sentido de penitencia y sacrificio se enriquece por la esperanza y el espíritu de fraternidad y generosidad que surge de la alegría de que Dios pronto estará con nosotros.

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