sábado, 20 de octubre de 2012

LA PUERTA DE LA FE (cf. Hch 14, 27


«La puerta de la fe» (cf. Hch 14, 27), que introduce en la vida de comunión con Dios y permite la 
entrada en su Iglesia, está siempre abierta para nosotros. Se cruza ese umbral cuando la Palabra de Dios 
se anuncia y el corazón se deja plasmar por la gracia que transforma. Atravesar esa puerta supone 

emprender un camino que dura toda la vida( Porta Fide)


Beata Paulina von Mallinckrodt: una vida de fe  marcada por un confianza total en Dios.

La Fe
La fe es la respuesta del hombre a Dios que se revela y se entrega a él, dando al mismo tiempo una luz sobreabundante al hombre que busca el sentido último de su vida” (Nuevo Catecismo)
La fe es un don sobrenatural de Dios. El hombre corresponde a la invitación de Dios con la fe. Por la fe el hombre somete completamente su inteligencia y su voluntad a Dios. Con todo su ser el hombre da su asentimiento a Dios que revela.
El don de la fe es la virtud básica de la vida Cristiana y más aún de la vida religiosa.
Toda la vida y todas las virtudes de la Madre Paulina tienen su fundamento en la fe. De esta fe nació su obra. 
            “Una nueva luz ilumina mi existencia, la fe” (M. P.)

Para creer, el hombre necesita los auxilios interiores de del Espíritu Santo.
El origen de la vida religiosa es divino y el autor de cada congregación. Y es el mismo Espíritu Santo quien inspira al Fundador y lo guía.
En  los escritos de la Madre Paulina se ve claramente la acción del Espíritu Santo y que la Congregación es obra de Dios.
La Madre Paulina nos narra en su biografía que tuvo terribles tentaciones contra la fe, una gran escrupulosidad:

                 “…pero la gracia de la fe me sostuvo, en una novena me vi librada casi milagrosamente
            de la escrupulosidad, y después de  los grandes combates con la fe, Dios  en su  bonda,
            llenó mi alma con una luz tan clara, que solo puedo definirla con la palabra: don de la fe...”
                                                                                                                                             (M. P.)


Creo en Dios Padre Todopoderoso
Creador el cielo y de la tierra
Creo en Dios Padre

Dios Padre
Padre del Hijo engendrado por él, de los hombres que él ha creado y gobierna, de todos los cristianos que por la gracia son sus hijos adoptivos.
Dios es el principio y fin de todo. Nada se puede explicar en el Universo si se prescinde de Dios, quien se ha revelado a si mismo a los hombres.
           
                “Tú eres mi único soberano, de eso se alegra mi alma” (M. P.)

Manifestamos, tenemos la convicción, ponemos nuestra fe, Dios existe, no tenemos dudas, no necesitamos pruebas.
Paulina tiene siempre clara conciencia de que es Dios quién la guía. Sus apuntes del primer retiro comienzan:

            “¿Quién me condujo a  este lugar? Dios.” (M. P.)
             ...”quiero tratar de conocer lo que Dios desea de mi en el futuro, cómo lograr Su gloria del modo mejor.” (M. P.)
               “Habla Señor, tu sierva te escucha” (M. P.) 





Dios Padre Todopoderoso
Al considerar que Dios es Omnipotente, lo puede todo porque su poder es infinito, debemos llenarnos de confianza en él y suplicarle con oración confiada cuanto sea bueno para nosotros. “Nada es imposible para Dios” (Lucas 1,37).

            “La oración es nuestra única arma pero un arma tan poderosa, que ningún enemigo le puede resistir” (T.14 p41/1871)

En muchos escritos la Madre Paulina recalca la primacía de lo espiritual y de la oración.

                “Nosotras somos religiosas y por nuestra vocación pertenecemos enteramente a Dios.
             Los deberes de su servicio inmediato son los principales, por eso no debemos descuidar
             la oración, pues ella es la llave de todas las gracias aún del Cielo”  (Máxima N°12)

También debemos adquirir confianza en las adversidades, ya que Dios puede hacerlas servir para mayores bienes, siempre confiando en la Misericordia de Dios.

                “…haz de mi lo que quieras, Tu eres el Dios Todopoderoso…aunque se desmoronen los tronos o se levanten los pueblos, a quien tú quieres proteger está guardado…”
                                                                                  (Retiro abril 1842- Revolución de 1848)

                “Pongo toda mi confianza en el Señor y espero de su Misericordia todo bien” 

            “Dios Todopoderoso, Tu conoces mi gran pobreza y debilidad, pero sabes también con
             qué gusto indecible quisiera servirte con suma fidelidad, ayuda a cumplir mi propósito”
                                                                                                                                             (M. P.)

            “… yo no puedo decirte cuan Misericordioso ha sido el Señor siempre conmigo. Ha trocado todos mis sufrimientos en beneficios…” (Carta a una antigua maestra 1840)

La Madre Paulina pone siempre su confianza en el Dios creador, Dios Padre.
Las hermanas de la Congregación admiraban su confianza inquebrantable en Dios en los años de persecución religiosa (1872-1873). Su confianza en la Divina Providencia y en el amor al sufrimiento.

            “Quisiera pedir con aquella confianza a la que Tú no resistes. Hasta aquí nos has  conducido, no nos abandonarás a la mitad del camino” (M. P.)

La confianza exige valor y fe y una contínua entrega.

            “… todos los sostenes externos se quiebran y yo puedo arrojar todas mis preocupaciones  sobre Ti. Tú cuidas fielmente de mí.” (Retiro abril 1848)

Creador del cielo y de la tierra
Dios principio de todo y el fin de todas las cosas, es el dueño y Señor de todas las cosas. Infinitamente sabio conoce y sabe todo, es omnisciente. Hace de la nada todo.

            “El es el Señor. El sabe lo que es mejor para su Reino y lo que sirve para su honra” (18 M. P.)

                “Dejemos que el Señor obre aquí su voluntad y beneplácito” (28 M. P.)









            “Lo esencial en una obra es saber si es la Voluntad de Dios. Si lo es, él mismo se encargará de   hacerla fructificar. De lo contrario, no queramos nosotras llevarla a cabo.”
                                                                                                                                             (38 M. P.)

La Madre Paulina busca constantemente los designios de Dios y se entrega confiada al Plan de Dios.
Dios amó a Paulina Von Mallinckrodt y la llamó porque él quiso. Todo está en que el alma esté en atenta escucha, muy sensible al más ligero soplo del Espíritu Santo. Y la Madre Paulina es un alma atenta dispuesta a escuchar, es un alma serena pronta a responder, es un alma servicial ansiosa de cumplir la voluntad de Dios. En ella todo es espontáneo y natural.
La vocación religiosa y más aún la de Fundadora, es un don del Espíritu Santo. (Concilio)
Todas las obras de Dios son obras de amor. Dios fue preparando a Paulina desde el principio, cuando tuvo que, a raíz de la muerte de su madre, aprender a manejar una casa: compras, arreglos, conservación, manejo de la cocina, cuidado de la ropa, de los enfermos, jardín, cuidado de su padre y sus hermanos.
Como si hubiese hecho de aprendiz en todos los oficios. Dios va preparando su instrumento.
Y en toda esta tarea ella se propuso hacerla siempre con afabilidad, fuere o no de su agrado, a fin de que la obra agradara a Dios.
El mundo es creado igualmente por las Tres Personas Divinas porque todo cuanto hace una Persona respecto de las criaturas, lo hacen con el mismo acto las otras dos; con una atribución especial de la Creación al Padre, de la Redención al Hijo y de la Santificación al Espíritu Santo.

            “El deseo de entregarme todo a Dios creció…y de permanecer exclusivamente a Jesús
            y servirle a él y a los pobres…” (M. P.)

La semilla de Dios está puesta, está el germen de su vocación. (LG 43) y el arquitecto y el constructor sigue siendo siempre el Espíritu Santo.
Al experimentar el amor Providente del Padre, la Madre Paulina es todo reconocimiento y gratitud, le atribuye todo lo bueno a Dios. Todo es gracia y bondad de Dios. Le agradece hasta las cruces y sufrimientos.
Una vida totalmente orientada a Dios tiene que ser necesariamente consagrada y unida a Cristo, Hijo de Dios, esplendor de su gloria y figura de su sustancia. (Heb. 1,3) Y el carisma, como obra del Espíritu Santo, no puede menos que llevar a Cristo.

 Bibliografía.

“Carisma de La Beata Paulina Von Mallinckrodt” Hna Adalberta Wessner
“Nuevo catecismo de la Iglesia Católica”
“Oraciones y Pensamientos” de Paulina Von Mallinckrodt
 Máximas de la Madre Paulina                                                                               


María Marta Blousson
Isabel Gay
Junio del 2012           


                        

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